jueves, 29 de noviembre de 2012

simon bolivar quizo invadir paraguay


Simón Bolivar quiso invadir el Paraguay

 José Gaspar Rodriguez  

En la noche del 8 de diciembre de 1821, las tropas del Dictador Francia penetraron en el territorio en litigio con Argentina, destruyeron el establecimiento agrícola del sabio Aimé Bonpland y lo secuestraron. Posteriormente fue confinado, por orden del Dr. Francia, en la aldea de Santa María de Fe. El secuestro de Bonpland se prolongó durante diez años. No obstante, se le permitió dedicarse a labores agropecuarias. También se utilizaron sus servicios médicos y humanitarios.
Los amigos de Bonpland, Simón Bolívar y el sabio Humboldt, interpusieron toda su influencia para rescatar su libertad.
Aparte del Libertador Bolívar, muchos Gobiernos de América y de Europa se preocuparon por la suerte del naturalista Bonpland. Pero había la dificultad de comunicarse con el dictador Francia. El presidente de Bolivia, mariscal José Antonio de Sucre, se ofreció para hacer llegar a Asunción los oficios; el teniente Luís Ruiz, quien llevaba la misión de invitar al Paraguay para entablar negociaciones comerciales con Bolivia. Desde Fuerte Olimpo, donde llegó en mayo, Ruiz pidió permiso para bajar a Asunción. Francia estalló de indignación cuando leyó el tratamiento de “Jefe Supremo de la Provincia del Paraguay” que traía sus oficios. Ordenó que le fueran devueltos sus pasaportes a Ruiz y que se hiciera saber de viva voz que antes que Bolivia el Paraguay había tenido el título de República. Francia explicó al comandante de Olimpo que era preciso tomar esa actitud “porque de lo contrario se acostumbraría tratar con menosprecio y con tono de mayoría al Paraguay y su gobierno”

simon bolivar 

carta de Bolivar al Dr. Francia

Lima, 22 de octubre de 1823
Al Excmo. señor Gaspar Rodríguez Francia &&
Excmo. señor:

Desde los primeros años de mi juventud tuve la honra de cultivar la amistad del señor Bonpland y del barón de Humboldt, cuyo saber ha hecho más bien a América que todos los conquistadores.
Yo me encuentro ahora con el sentimiento de saber que mi adorado amigo, el señor Bonpland, está retenido en el Paraguay por causas que ignoro. Sospecho que algunos falsos informes hayan podido calumniar a este virtuoso sabio y que el gobierno que V. E. preside se haya dejado sorprender con respecto a este caballero. Dos circunstancias me impelen a rogar a V.E. encarecidamente la libertad del señor Bonpland. La primera es que yo soy la causa de su venida a América, porque yo fui quien le invité a que se trasladase a Colombia, y ya decidido a ejecutar su viaje, las circunstancias de la guerra lo dirigieron imperiosamente hacia Buenos Aires; la segunda es que este sabio puede ilustrar mi patria con sus luces, luego que V.E. tenga la bondad de dejarle venir a Colombia, cuyo gobierno presido por la voluntad del pueblo.
Sin duda V.E. no conocerá mi nombre ni mis servicios a la causa americana, pero si me fuese permitido interponer todo lo que valgo por la libertad del señor Bonpland, me atrevería a dirigir a V.E. este ruego. ¡Dígnese V.E. oír el clamor de cuatro millones de americanos libertados por el ejército de mi mando, que todos conmigo imploran la clemencia de V.E. en obsequio de la humanidad, de la sabiduría y la justicia, en obsequio del señor Bonpland!
El señor Bonpland puede jurar a V.E. antes de salir del territorio de su mando que abandonará las provincias del Río de la Plata, para que de ningún modo le sea posible causar perjuicio a la provincia del Paraguay, que yo, mientras tanto, le espero con la ansia de un amigo y con el respeto de un discípulo, pues sería capaz de marchar hasta el Paraguay solo por libertar al mejor de los hombres y al más célebre de los viajeros.
Excmo. señor: Yo espero que V.E. no dejará sin efecto mi ardiente ruego, y también espero que V.E. me cuente en el número de sus más fieles y agradecidos amigos siempre que el inocente que amo no sea víctima de la injusticia.
Tengo el honor de ser de V.E. atento obediente servidor.
Bolívar
(Tomada del original triplicado; otro ejemplar se halla en la Universidad de Georgetown)
Bolívar, Simón, Obras completas, Caracas: Bloque Editorial Dearmas, Colección Bohemia, Volumen I, Tomo V, 198?, pp. 820 — 821.


Lima, 23 de octubre de 1823
A la señora Bonpland
Señora:
Hace muchos años que tuve la satisfacción de ligar mis sentimientos a los del célebre y virtuoso Bonpland, ahora digno esposo de Ud.
He sabido, con sumo dolor, que este caballero se halla prisionero en el Paraguay con la inocencia que caracteriza a los mártires. En consecuencia, me tomo la libertad de dirigir a Ud. tres cartas para el señor Francia, con el laudable fin de rogarle por la libertad de mi estimable amigo Bonpland; las que suplico a Ud. se sirva dirigirlas por diferentes vías al Paraguay.
Si por un prodigio de la buena suerte el señor Bonpland pudiere salir de los calabozos del Paraguay, yo ofrezco a Ud. y a toda su familia un destino honroso y útil al compañero del descubridor del Nuevo Mundo. Entonces mi satisfacción sería infinita porque reuniría en el seno de mi patria a uno de mis mejores amigos y a un sabio que esparciese la luz de la naturaleza por todas nuestras vírgenes comarcas.

Tenga Ud. la bondad, señora, de contarme entre las personas que más desean emplearse en servicio de Ud., y de aceptar los testimonios de la consideración y aprecio que le profeso.
Atento y obediente servidor.
Bolívar, Simón, Obras completas, Caracas: Bloque Editorial Dearmas, Colección Bohemia, Volumen I, Tomo V, 198?, p. 822.

Carta de Gaspar Rodríguez de Francia a Simón Bolívar
Patricio:
Los portugueses, porteños, ingleses, chilenos, brasileños y peruanos han manifestado a este gobierno iguales deseos a los de Colombia, sin otro resultado que la confirmación del principio sobre que gira el feliz régimen que ha libertado de la rapiña y de otros males a esta provincia, y que seguirá constante hasta que se restituya al Nuevo Mundo la tranquilidad que disfrutaba antes que en él apareciesen apóstoles revolucionarios, cubriendo con el ramo de oliva el pérfido puñal para regar con sangre la libertad que los ambiciosos pregonan. Pero el Paraguay los conoce, y en cuanto pueda no abandonará su sistema, al menos mientras yo me halle al frente de su gobierno, aunque sea preciso empuñar la espada de la justicia para hacer respetar sus santos fines. Y si Colombia me ayudase, me daría un día de placer y repartiría con el mayor agrado mis esfuerzos entre sus buenos hijos, cuya vida deseo que Dios Nuestro Señor guarde por muchos años.
Asunción, 23 de agosto de 1825
                                                                                     antonio jose de sucre
Carta de Sucre a Santander

A. S. E. el general Santander

Potosí, a 11 de octubre de 1825


Mi querido general y amigo:


El 28 del pasado escribí a Vd. desde Oruro y tengo el gusto de repetirlo en el presente correo. Empezaré por decirle que el 5 llegamos a esta ciudad, y el pueblo ha recibido muy bien al Libertador: S. E. se muestra contento de Potosí.

El 7 en la noche llegó la legación argentina compuesta de los señores general Alvear y doctor Díaz Vélez; estos caballeros, aunque no están presentados públicamente al Libertador, le han mostrado ya en conferencias privadas el objeto principal de su mensaje, que es pedir auxilio contra el emperador del Brasil porque los sucesos de la Banda Oriental hacen imprescindible una guerra; ellos han pedido no sólo tropas sino la escuadra de Colombia, ofreciendo pagar cuantos gastos se ocasionen por ambos socorros a cuyo efecto tienen (y es verdad) tres millones de pesos dispuestos y en arcas para sostener esta guerra. El Libertador les ha contestado que dar tales auxilios sería una declaratoria de guerra por nuestra parte al emperador, lo cual no está en sus facultades; que ellos deben ocurrir al congreso de Colombia, al del Perú, y acaso al de Panamá; no sé si han pasado a más las conferencias; supongo que el Libertador informará a Vd. de todo.

Yo he indicado al Libertador mis opiniones; creo buenamente que una guerra al emperador del Brasil no sería difícil en cuanto a quitarle las posesiones que ha incorporado a la República Argentina y aún más allá, porque nuestras fuerzas físicas y los elementos de la revolución darían muchas facilidades; pero que un rompimiento con el emperador alarmaría a los santos aliados y aun la Inglaterra misma no lo vería bien, lo cual causaría inmensos daños a nuestra causa; que yo creo que antes de ocurrir a la guerra se deben tocar con dignidad todos los medios de conciliación para que el emperador devuelva lo que ha usurpado violentamente a los argentinos; que entretanto podemos ir disponiendo nuestras fuerzas para garantizar un resultado, entablando toda clase de relaciones con el Brasil y los patriotas republicanos que hay en el territorio, examinando las fuerzas militares y medios de defensa del emperador, etc., etc., etc., para marchar sobre datos ciertos. En fin, mis opiniones están todas por la prudencia, para que en caso de un rompimiento sea después de repletos de justicia y con examen de todo, todo, para no exponernos, y para que podamos obrar desde el principio con vigor.

El Libertador parece que está en el proyecto de mandar una expedición de cuerpos del Alto y Bajo Perú a tomar el Paraguay, que sabe Vd. que gime bajo el tirano Francia, que tiene aquella provincia no sólo oprimida del modo más cruel, sino que la ha separado de todo trato humano, pues que allí nadie entra sino el que gusta Francia, y acaso encarcela luego al mismo a quien ha permitido entrar. Dice el Libertador que hará ejecutar esta expedición si el gobierno argentino se la pide; mas no sé si la ha definitivamente resuelto. En el próximo correo del 27 podré acaso dar a Vd. mejores y más detallados informes.

Nuestras tropas están siempre en el más brillante pie; su espíritu nacional toca al delirio; la organización de los cuerpos, su disciplina eximia, etc., va llegando a la exactitud; en fin, Vd. se encantaría de gustos si pudiéramos presentarle este ejército, porque es un bello cuerpo de tropas que hace honor a Colombia.

Me despido de Vd. saludando a su señora hermana y amiguitas, y repitiéndome muy cordialmente su sincero amigo y compañero,

[Antonio José de] Sucre

Bolívar en la primera conversación que tuvo con los delegados argentinos, se apresuró a reproducirles su proyecto de invasión del Paraguay, asegurándole que el objeto principal de la invasión tenía mucho de romántico y éste era libertar a Bonpland. Los diplomáticos argentinos manifestaron que su Gobierno o el Congreso argentino no autorizarían la empresa. El proyecto de Bolívar tampoco fue aceptado por el Gobierno de Colombia. Bolívar abandonó su plan. Bonpland continuó en su apacible cautiverio.
Aimé Bonpland fue liberado en 1831. Una vez libre, Bonpland se dedica a recorrer las misiones brasileras, se establece por corto tiempo en Buenos Aires y luego en San Borja, donde continúa con sus investigaciones botánicas; regresa a Corrientes y se dedica al cuidado de una estancia, que después deja para seguir recorriendo el territorio fronterizo entre Argentina, Uruguay y Brasil: Las Misiones Centrales del Paraguay.
Notablemente, Bonpland se encariña del Paraguay. Se unió con María, hija de un cacique, con quien tuvo dos hijos; tanto fue su aquerenciamiento que al ser liberado llora por no querer dejar la tierra.