viernes, 30 de noviembre de 2012

LA GENEALOGÍA DE LA MORAL DE NIETZSCHE


LA GENEALOGÍA DE LA MORAL DE NIETZSCHE
Tratado primero: bueno y malo, bueno y malvado

En este texto, Nietzsche alude a otros autores que también han elaborado teorías acerca del origen de la moral y de los conceptos morales `bueno', `malo', etc. Estos autores son autores ingleses defensores del evolucionismo. Según estos genealogistas, el origen del concepto `bueno' hay que buscarlo en la utilidad: al principio, acciones no egoístas fueron alabadas por aquellos a quienes iban dirigidas, es decir, por aquellos a quienes resultaban útiles y fueron éstos los que comenzaron a llamarlas `buenas', de modo que el término `bueno' comenzó siendo sinónimo de útil o beneficioso para aquel que recibe las ventajas de una acción no egoísta hecha por otro. Con el tiempo este origen se olvidó, pero esta clase de acciones no egoístas siguieron llamándose útiles por costumbre y al final fueron tomadas equivocadamente por buenas en sí mismas, al margen de su utilidad. El origen del concepto `bueno' se basaría, pues, en la secuencia: utilidad-olvido-hábito-error. La crítica de Nietzsche podemos resumirla en los siguientes puntos:
Falta de sentido histórico: Nietzsche acusa a estos genealogistas de pensar de una manera ahistórica. Según él pretenden hacer historia de la moral y de los conceptos morales, pero no fundan sus teorías en lo históricamente comprobable, sino que las fundan en simples imaginaciones o en hipótesis que son contrarias a lo que parece deducirse de la ciencia histórica. En casi todas las civilizaciones, `bueno' y `malo' tienen su origen el hombre noble y aristocrático frente al hombre plebeyo y vulgar. Estos genealogistas no logran construir la historia efectiva de la moral y carece de base histórica.
Su explicación del origen del concepto `bueno' es insostenible desde el punto de vista psicológico: En el supuesto de que fuera cierta la teoría de esos genealogistas, no es posible que los hombres se olvidaran de la utilidad de las acciones no egoístas, es decir, no es posible que los hombres borraran de su mente la equivalencia entre bondad y utilidad.
Su forma de pensar continua siendo esencialista: Aunque intentan hacer una genealogía de l moral, están aceptando que existe una esencia eterna e invariable de lo `bueno', que sería lo no-egoísta y lo útil, es decir, `bueno' fue siempre lo mismo, sinónimo de no egoísta y de útil. La utilidad y el no-egoísmo constituyen la esencia de la bondad de una acción. Para Nietzsche no existen tales cosas. En la genealogía de la moral, Nietzsche buscará la procedencia de los conceptos morales, intentando determinar su surgimiento y desarrollo y transformaciones. El surgimiento de la moral es para Nietzsche fruto del azar en determinadas condiciones históricas.

Crítica a la cultura europea.
Nietzsche considera que lo moral es una forma de interpretar ciertas cosas y ciertos comportamientos, y toda interpretación se hace desde determinada perspectiva. Lo que va a proponer Nietzsche es una perspectiva nueva frente a la moral. La moral europea (que Nietzsche identifica con la moral cristiana), es una negación de los instintos y de la vida, se asienta sobre el miedo a esta vida y la consiguiente invención de `otra vida', que es una vida tras la muerte que vivirá el alma liberada de todo lo que se supone negativo y que está ligado al cuerpo y alo terrenal.
La moral judeo-cristiana, negadora de la vida, es la que ha imperado en occidente durante veinte siglos y ha penetrado toda la cultura. Todos estos valores presentes en todas las manifestaciones de la cultura occidental van a ser analizados y criticados por Nietzsche que va a proponer una perspectiva diferente, una perspectiva que sea una afirmación de `esta vida' y su fuerza fundamental, que es la voluntad de poder, que sea un eterno sí a la vida sin excluir nada.
El origen de los términos `bueno' y `malo'.

Nietzsche va a criticar también la moral cristiana que se ha solidificado en Europa como la única moral existente. El método que utiliza en esta crítica va a ser el método genealógico, la búsqueda de los ancestros de la moral, de sus orígenes. El método genealógico se va a aplicar a los conceptos `bueno' y `malo' buscando cuál es el origen de estos dos valores para ver que sentido tuvieron en su origen, y si éste se ha mantenido o ha cambiado. Este es el objetivo de Nietzsche en el tratado primero de su genealogía de la moral
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La transvaloración de los valores.

`Bueno' y `malo' no tuvieron en su origen el sentido que les ha dado la moral cristiana. `Bueno' significó aristocrático, noble, privilegiado; y `malo' significó vulgar, plebeyo, bajo; justo al contrario de lo que significan en la moral cristiana.
El cristianismo ha llevado acabo una transvaloración de los valores. Esta transvaloración fue iniciada por los judíos y continuada por los cristianos.
A esta inversión se procede de la siguiente manera:

Nos encontramos dos fórmulas: “Yo soy `bueno', luego tú eres `malo'” y “ Tú eres `malvado', luego yo soy bueno'”.
Los términos `bueno' y `malo' no significan lo mismo, sino que según una u otra fórmula varía su sentido.
En la primera fórmula quien se afirma como bueno no toma como medida de sus acciones valores trascendentales o superiores, no se compara con los demás, sino que afirma soy 'bueno' de un modo espontáneo, a partir de sí mismo, y lo hace porque es un individuo que afirma, goza, crea, actúa.'Bueno significa la actividad, la afirmación, la creación, el goce, es una afirmación de la propia forma de ser y de vivir. Son los poderosos, los superiores los que se consideran a sí mismos como buenos. El `malo' es el que no actúa, el que no afirma, el que no goza, es una conclusión negativa, lo que es mezquino, vulgar, la inactividad, la debilidad y la impotencia. `Bueno' es el señor, el fuerte, el creador; `malo' es el débil, el esclavo, el pasivo.
En la segunda fórmula el proceso queda invertido. Se parte del reconocimiento de la existencia del otro al que se califica de `malvado', y por oposición, como reacción a ese otro, se deriva la conclusión sobre uno mismo, “luego yo soy `bueno'”. La conclusión es la reacción frente al otro. Aquí, quien habla es el esclavo, el impotente, el débil, el pasivo, el que no es capaz de actuar como sujeto autónomo, sino, que sufre la acción del otro, del poderoso. Es un ser reactivo, su única capacidad es la de reaccionar frente al otro. Nietzsche denomina su moral como moral reactiva, frente a la de los fuertes y superiores, que es una moral activa.
Los significados se han invertido. El `bueno' de la primera fórmula es el `malvado' de la segunda, y es `malvado' porque actúa, porque afirma. El `bueno' es el que en la otra expresión era el `malo', y `bueno' pasa a significar la pasividad, la falta de autoafirmación.
Los originarios conceptos `bueno', `fuerte', `noble', `débil', `bajo' y `plebeyo' fueron totalmente invertidos.
“Moral de señores” y “moral de esclavos”.
Estos términos contrapuestos `bueno-malo', `bueno-malvado' representan para Nietzsche dos formas de valorar diferentes, que engloba bajo la denominación “moral de señores” que es una moral activa, y “moral de esclavo” que es una moral reactiva.

En un principio, `nobles' y `esclavos' hacían referencia a estamentos o castas sociales, pero luego esa nobleza y servidumbre, experimentó un cambio conceptual y pasó a querer decir “anímicamente noble o esclavo”. No hay que entender aquí una diferencia de las personas según su posición social, sino que el filósofo se refiere a hombres superiores o inferiores desde el punto de vista espiritual.

ACCIÓN: CREACIÓN DE LOS NOBLES BUENO MALO
(Gut) (Schlecht)
Resentimiento lo suyo
Venganza oposición

REACCIÓN: PLEBEYOS / ESCLAVOS MALVADO BUENO

(Bose) (Gut)
lo suyo
El ”mérito” de la debilidad.
La originaria moral aristocrática fue sustituida por la moral de esclavos que ha transvalorado el sentido originario `bueno' y `malo', esto para Nietzsche significa el triunfo de los débiles, de los mediocres, del rebaño. Pero tal transvaloración, ha necesitado de un complejo entramado de falsificaciones e invenciones que Nietzsche quiere destapar.
Se ha falsificado y enmascarado la realidad para hacer parecer la debilidad como un mérito, como algo elegido. Se ha hecho parecer al débil como alguien que voluntariamente ha renunciado a la fuerza y a la acción. Por el contrario, la acción del poderoso se ha hecho aparecer como producto de su voluntad, si no renuncia a ella es porque no quiere y por tanto caen bajo su responsabilidad todas las posibles consecuencias de su acción contra los débiles a los que hace sufrir. Es por ello que es un `malvado', ya que pudiendo renunciar a su fuerza y volverse bueno (o sea, débil) no lo hace.
Nietzsche se lanza a desenmascarar todas las ficciones e inventos que sustentan esta interpretación de los débiles. Entre estos inventos está el de la existencia de un sujeto libre, un sujeto que puede actuar como quiera. Para Nietzsche no existe tal cosa, no hay un sujeto y las acciones de ese sujeto como dos cosas diferentes. De manera que ser fuerte es lo mismo que manifestar esa fortaleza, sin poder renunciar a ella, y ser débil es manifestar la debilidad. No hay ningún mérito en ser débil porque el débil no puede ser de otra manera, ni hay ninguna maldad en ser fuerte, porque el fuerte no puede renunciar a esa fortaleza. Nietzsche pone como ejemplo a los corderos y a las aves de rapiña, ninguno puede dejar de ser lo que es, y de actuar en consecuencia, el cordero no es libre para escoger ser ave de rapiña, ni el ave de rapiña puede elegir ser cordero.
El resentimiento y la moral de esclavos.

Las denominaciones morales `bueno' y `malo' proceden de la nobleza, de la aristocracia. De los plebeyos y esclavos, de la casta sacerdotal, del espíritu de resentimiento y de venganza procede la valoración contrapuesta, que, aunque parece conservar las mismas denominaciones mortales, les otorga un sentido totalmente distinto: en la nueva valoración se oponen `bueno' y `malvado'. Esta rebelión la llevaron acabo por primera vez en la historia los judíos y después fue proseguida por los cristianos. El `ataque' a los judíos es una crítica a la concepción de la cultura y religión judeo-cristiana frente la moral. “El cristianismo a tomado partido por todo lo débil, bajo, malogrado, ha hecho un ideal de la contradicción a los instintos de conservación de la vida fuerte”.
Nadie es consciente ya de esa transvaloración llevada acabo por el cristianismo porque a acabado por imponerse desde hace tiempo y nos hemos acomodado a ella, pero Nietzsche pretende agitar nuestra conciencia.
Los enemigos que Nietzsche descubre en la “Genealogía de la moral” son los `ideales' cristianos, frutos del resentimiento y de la mala conciencia necesitan no sólo la autoafirmación, sino la contemplación de la desgracia de los diferentes. Esta transvaloración judeo-cristiana es la que Nietzsche quiere tansvalorar, con el fin de instaurar una nueva jerarquía de valores que sustituya a la antigua.

Desenmascarar la moral de los esclavos.
Localiza en el resentimiento la fuerza creadora de los valores de la moral de esclavos, Nietzsche procede a un desenmascaramiento psicológico de esta moral: “No es del amor, como dicen ellos, de donde han nacido estos valores, sino del resentimiento”, Nietzsche llama `psicología' a este husmear bajas e inconfesables pasiones que alientan bajo bellas palabras. Según esta `psicología', tras el amor, altruismo, compasión, bondad, etc., que son las virtudes que proclama la moral de esclavos, hay soterrado un conjunto inconfesable (y generalmente no consciente) de odio, egoísmo, interés, vanidad, crueldad, etc. Proclamándose virtuosos, buenos, justos, etc., lo que pretendían era arrogarse una forma de superioridad sobre los nobles, lo que no es más que una venganza encubierta.
La moral cristiana no es más que un engaño de lo débiles y decadentes para imponer su dominio. Desde la perspectiva de la negación de la vida la moral cristiana ha fabricado sus propios valores y los ha hecho pasar por los únicos y auténticos valores.
En conclusión, el intento de Nietzsche no es el de fundamentar la moral, sino desenmascarar la moral cristiana, que se ha impuesto como la única y verdadera moral, y dar un nuevo enfoque, un enfoque que favorezca la vida, frente a la moral cristiana que niega la vida.

Esquema del contenido de los 17 párrafos que contiene el “tratado primero”.

1-3: Crítica a los `psicólogos ingleses'. Rechazo de su explicación, según la cual en un principio las acciones no egoístas fueron llamadas `buenas' por su utilidad.
4-5: La etimología como el camino correcto. En diferentes lenguas `bueno' significó en un principio `noble', `aristocrático', y evolucionó hacia el significado de `anímicamente noble'.
6: Surgimiento de una `casta sacerdotal' que acaba invirtiendo la valoración aristocrática.
7-11: El pueblo judío (casta sacerdotal por excelencia) como artífice de una `rebelión de esclavos en la moral', una `transvaloración de los valores aristocráticos', basada en el resentimiento contra los nobles. Esta rebelión, seguida por el cristianismo, da lugar a una moral de esclavos, una moral reactiva, opuesta a la moral noble, que ha convertido al hombre en un manso animal de rebaño.
12: Nihilismo como cansancio del hombre. Al perder el temor al hombre, se pierde también la admiración por el hombre, el hombre cansa.
13: Crítica a la falsa distinción entre el ser y el hacer motivada por la seducción del lenguaje. Crítica a la noción de sujeto libre.
14: La `fabricación de ideales' por la moral de esclavos: la debilidad transformada en mérito.
15: El cristianismo como religión del odio y la venganza. Recurso a textos religiosos.

16: Lucha de dos sistemas de valores diferentes: `bueno y malo' / `bueno y malvado', simbolizada en la lucha de `Judea contra Roma, Roma contra Judea'. Triunfo de Judea (cristianismo).
17: Interrogantes sobre el resurgir de la lucha, de los valores aristocráticos.

Resumen del “tratado primero”.
Busca en la etimología el significado originario de los dos términos básicos del lenguaje moral: `bueno' y `malo'.
Empieza hablando de los únicos autores que hasta ahora se han ocupado de hacer una genealogía de la moral a los que menciona como `psicólogos ingleses'. Les reconoce el haber llevado acabo el intento, pero van a ser criticados por la forma de hacerlo.
Estos autores han dado una explicación de tipo utilitarista sobre el origen de la moral, ellos piensan que en un principio fueron llamadas `buenas' las acciones no egoístas porque resultaban útiles a quienes se beneficiaban de ellas, luego esta utilidad se olvidó, pero el hábito de llamarlas buenas hizo que se creyera que eran buenas en sí mismas.
Esta explicación de los psicólogos ingleses es criticada por Nietzsche por dos motivos:
Es insostenible desde el punto de vista histórico, sitúa en lugar falso el origen de los términos, ya que no pudieron ser los que recibían pasivamente los beneficios de las acciones los que pudieron darles nombre y valorarlas, sino aquellos que actuaban. Los nobles y poderosos se llamaron así mismos `buenos', y a sus acciones `buenas', ya que tenían la posición superior que le permitía dar nombre a las cosas y para marcar su diferencia con los bajos y plebeyos, para distanciarse, les llamaron `malos'.
También es psicológicamente insostenible al decir que la utilidad se puede olvidar.
A partir del párrafo 4, Nietzsche empieza a dar su visión del tema, señalando la etimología como el amino correcto. Nos dice que en diferentes lenguas el término `bueno' significó `noble', `anímicamente superior' y `malo' significó `vulgar' y `plebeyo'.
Esta superioridad se apoya en diversos criterios como la superioridad de poder, o rasgos visibles como la riqueza, pero Nietzsche señala como el rasgo más interesante los rasgos típicos de su carácter, es decir, los nobles se distinguen de los plebeyos no como dos clases sociales, sino como personas de carácter diferente.
Esta forma aristocrática de valorar fue sufriendo un proceso de transformación. Con el surgimiento de una `casta sacerdotal' empiezan a surgir valores diferentes (`puro'-`impuro')y empiezan a transformarse los valores aristocráticos, hasta el punto de que llegan a invertirse por completo. Frente a la valoración aristocrática basada en la fortaleza y en la acción, la valoración noble-sacerdotal parte de la impotencia y la espiritualidad.
El pueblo judío es la casta sacerdotal por excelencia, ellos inician una rebelión de esclavos en la moral, ellos han hecho una guerra oculta contra los nobles y fuertes que consiste en la `transvaloración de los valores propios de éstos': `bueno' ha pasado a ser el débil, el bajo, el digno de lástima y `malvado' es el fuerte y el noble, es decir, la antítesis de los valores aristocráticos.
Ya no somos conscientes de tal transvaloración porque se ha instalado desde hace dos milenios porque esa `rebelión de esclavos en la moral' ha triunfado definitivamente hasta llegar a instalarse en el hombre moderno, en los demócratas y librepensadores. Esta rebelión de esclavos en la moral ha acabado por instaurar una moral de esclavos, totalmente opuesta a la moral noble. La moral noble surge de la afirmación de sí misma y de la acción, mientras que la moral de esclavos surge de la negación y de la reacción contra todo lo que es noble y superior.
Los dos valores contrapuestos de la moral noble son `bueno' y `malo' y son muy diferentes a los dos valores que se contraponen en la moral de esclavos `bueno' y `malvado', ya que en la moral de esclavos `malvado es justamente lo que en la otra moral era `bueno', el poderoso, el dominador que antes era el `bueno', es llamado ahora el `malvado'.
Esta inversión de valores ha sido la trama urdida por los débiles para acabar con todas las razas nobles. La cultura ha convertido al hombre en un manso animal de rebaño. El resultado es que ya no hay nada que temer en el hombre, pero tampoco nada que admirar, porque se ha convertido en un gusano, en un ser empequeñecido y mediocre. Hemos perdido el miedo por el hombre y también el respeto por el hombre, estamos ya cansados del hombre (nihilismo).
La `seducción del lenguaje' nos hace duplicar las cosas creyendo que existe un sujeto por un lado, y por el otro, las acciones de éste. Así como separamos el rayo del resplandor como cosas diferentes, pensamos que pueden separarse la fortaleza y sus manifestaciones. Esto es un error para Nietzsche, no hay un ser y un hacer, son lo mismo y también la fuerza y sus manifestaciones. Los débiles han hecho creer que han renunciado a manifestar la fortaleza, que su debilidad es un mérito porque ha sido una renuncia voluntaria. Para Nietzsche esto es una quimera, puesto que `no hay un ser detrás del hacer', no hay más que la debilidad que se manifiesta necesariamente como debilidad y la fortaleza que se manifiesta como fortaleza. Pero los débiles con su resentida inteligencia han hecho creer que ser débil es un mérito porque es un acto voluntario y libre.
Todas las manifestaciones de la debilidad son transformadas en méritos y en virtudes de un sujeto libre. Pero lo que ocurre es que los débiles quieren alguna vez ser fuertes, esperan que llegue `su reino' en el cual lograrás su venganza más terrible, la venganza eterna, para lo cual necesitan la `vida eterna'. Nietzsche cita a Tomás de Aquino para mostrar que aunque los cristianos predican una religión del amor y del perdón, esperan la venganza, los terribles tormentos a los que serán sometidos los condenados para así sentirse mejor en la bienaventuranza.
Los dos valores contrapuestos `bueno-malo' (moral noble) y `bueno-malvado' (moral de esclavos) que queda simbolizada en la lucha de `Roma contra Judea, Judea contra Roma', en la que ha vencido Judea por medio del cristianismo, es decir, los valores del resentimiento y de la debilidad han vencido sobre los valores nobles y fuertes. Si bien ha habido algunos momentos en la historia en que han resurgido los valores aristocráticos enseguida han sido vencidos: el Renacimiento es un resurgir de Roma, pero Judea triunfa de nuevo con la Reforma Protestante y más tarde con la Revolución Francesa, siendo Napoleón el último resurgir de la moral noble.
Tratado segundo: culpa, mala conciencia y similares.
Aclaraciones terminológicas.
Pena: Hay que entender este término como sinónimo de castigo, como cuando hablamos de la pena que se le impone a un acusado.
Culpa: La palabra alemana `schuld' significa `culpa' y `deuda'. Nietzsche utiliza este doble sentido y relaciona el origen del sentimiento de culpa, con el de tener deudas, sentirse deudor.
Consciencia: ser consciente, tener conocimiento de algo decimos por ejemplo que alguien perdió la consciencia al tener un accidente).
Conciencia: conocimiento de la diferencia entre el bien y el mal, solemos hablar de la conciencia moral, de `buena conciencia' o como veremos en el texto, de `MALA CONCIENCIA' es decir, sentimiento de habernos comportado mal, de ser culpables de algo.

Nuevas críticas a los otros genealogistas.

Nietzsche sigue lanzando críticas a otros autores, a los que llama `genealogistas de la moral' y a los que critica sus explicaciones utilitaristas, sobre el origen de los diversos elementos que constituyen el sujeto moral: la conciencia moral, la pena, el sentimiento de culpa, la mala conciencia...
En el `tratado segundo' se va a ocupar de la conciencia moral, y el punto de partida será la crítica a los autores que previamente se han ocupado de estos temas dando explicaciones utilitaristas. Estas críticas son:
Falta de sentido histórico, de la genealogía de la pena y la culpa: Nietzsche comienza el `tratado segundo' planteando el origen de los conceptos morales'culpa' y `mala conciencia'. En este punto muestra nuevamente su desacuerdo con aquellos otros `genealogistas de la moral habidos hasta ahora'. Otra vez el punto fundamental de la crítica de Nietzsche a estos autores es la falta sentido histórico. Respecto al problema del origen de la pena, la culpa y del Derecho primitivo, estos autores basan sus explicaciones en la idea de que `el reo merece la pena porque había podido actuar de otro modo', de modo que la pena sería el justo y merecido castigo por una acción que el reo pudo haber evitado pero no quiso evitar. No es una buena explicación del origen primitivo de la justicia, de la pena y de la culpa. Este no pudo ser el sentido original de la pena y de la justicia primitiva. Esta interpretación de la pena y de la justicia se basa en ideas y distinciones que os hombres sólo alcanzaron en etapas muy tardías de su evolución y que no existían en la humanidad primitiva, como por ejemplo, las nociones de libertad y de responsabilidad o las distinciones entre conducta `negligente' y `no negligente', `intencionada' y `no intencionada', etc. Estos genealogistas ahistóricos y superficiales, intentan establecer el origen de los conceptos morales partiendo de la forma moderna de ver las cosas y de puntos de vista y de nociones que no existían en los orígenes, entre la humanidad primitiva. Según Nietzsche, el origen de los conceptos `culpa' y `pena' habría que buscarlo en el pasado de la humanidad en el concepto de las primeras relaciones contractuales y de compra-venta, comercio e intercambio entre deudores y acreedores, tal y como revela el origen etimológico de la palabra `culpa', como ocurre también en otras lenguas, n alemán se dice igual que deuda. De modo que, al principio, tener una pena era sinónimo de tener una deuda con alguien. A partir de aquí los conceptos de culpa y pena fueron reinterpretados una y otra vez de formas diferentes, atribuyéndosele sentidos y finalidades distintas, hasta llegar a la época actual, en la que confluyen muchos de esos sentidos y finalidades.
Crítica a Dühring a propósito del origen de la justicia: La tesis de Dühring es que el origen de la justicia está en la venganza, que la justicia comenzó siendo una especie de venganza disfrazada, nacida del resentimiento del ofendido contra el causante de la ofensa. Dühring coloca a los efectos reactivos (resentimiento, ansia de venganza, rencor...) propios del hombre reactivo u hombre del resentimiento, en el origen del sentimiento de justicia. Según Nietzsche, ocurre justo lo contrario, la justicia no hace de la venganza ni de ningún otro afecto reactivo, no es invención del hombre reactivo, sino del hombre activo, noble y agresivo, caracterizado por `afectos auténticamente activos', como la ambición de dominio, la afirmación de sí mismo, la fuerza, etc., de donde nacen la veracidad, la imparcialidad, la frialdad y la objetividad que han de acompañar siempre y necesariamente a la justicia, cualidades que es imposible que nazcan de la debilidad, de la malicia, del furor insensato del resentimiento o de la venganza. Según Nietzsche, en todas parte de la invención del derecho y de la justicia ha representado 'la lucha contra los sentimientos reactivos'. Lo que siempre ha pretendido hacer la justicia por medio de las leyes y los jueces, es poner freno al resentimiento y a las ansias de venganza y de revancha de los ofendidos, que les lleva a tomarse la justicia por su mano y a devolver a cualquier daño o perjuicio sin examinarlo antes con la necesaria frialdad, objetividad e imparcialidad.

Crítica general: confundir origen y finalidad: Nietzsche remata su crítica a Dühring y a los otros genealogistas de la moral. Todos ofrecen explicaciones utilitarias de la pena y de la justicia y creen, y según Nietzsche, se equivocan, que mostrando la utilidad de algo ya han mostrado su origen. Imaginan que la pena fue inventada con una determinada finalidad, de igual modo que antes se imaginaba erróneamente que la mano había sido inventada con la finalidad de agarrar. Todos estos genealogistas cometen el error de confundir el origen de la pena con su finalidad y, de éste modo, se saltan el que Nietzsche considera el principio metódico más importante de la ciencia histórica, que ningún buen genealogista debería olvidar, a saber, que la causa del origen de algo es algo muy diferente de su utilidad o finalidad. Por ejemplo, cuando decimos que la justicia tiene su origen los afectos activos y no en los reactivos, estamos hablando de su origen, no de su finalidad. Cuando decimos que la justicia sirve para proteger a la sociedad de un delincuente, estamos hablando de un posible sentido o utilidad de la justicia, de una posible finalidad, de una interpretación posible, y no queremos decir que nació para ello. En el `tratado segundo' Nietzsche nos ofrece otros ejemplo: “por muy bien que se haya comprendido la utilidad de un órgano fisiológico cualquiera (o también de una institución jurídica, de una costumbre social, de un uso político, de una forma determinada en las artes o en el culto religioso), nada se ha comprendido aún con respecto a su génesis”.


La multiplicidad de utilidades.
La señalada necesidad de distinguir origen y utilidad se pone de manifiesto al considerar el hecho de que no podemos hablar de una única e inequívoca utilidad en las cosas, sino de muchas y cambiantes utilidades. Pensemos en el ejemplo de la mano: depende de nuestras necesidades y de nuestra voluntad el que utilicemos la mano para comer, para pegar una bofetada a alguien o para sostener un libro y leerlo, también depende de ciertos condicionante históricos y de otro tipo, ya que por ejemplo en el siglo XV no se podía utilizar la mano para teclear el ordenador como es usual en nuestros días en los países ricos.
La utilidad es pues, algo relativo, cambiante y fluido, que no puede ser utilizado para explicar el origen de algo.

Error en la explicación utilitarista de la pena.
Nietzsche dice que “la pena está sobrecargada de utilidades”, se pueden aplicar penas para inspirar temor, para impedir que aquel al que castigamos vuelva a ser perjudicial, para que el damnificado se sienta, de alguna forma, compensado al ver castigado a aquel que le ha perjudicado, para influir un sentimiento de culpa en quien es castigado...
Hay que distinguir dos elementos en la pena:
Lo duradero, es decir, el acto, el procedimiento, el castigo.
Lo fluido, es decir, la utilidad, el sentido, la finalidad, la expectativa, vinculados a la ejecución de los castigos.
Esta distinción no es hecha por los utilitaristas.
Teoría de la interpretación de la voluntad de poder.
En diferentes momentos históricos, se van imponiendo funciones diferentes, interpretaciones diferentes sobre la utilidad de las cosas.
Para Nietzsche todos estos cambios en el sentido y utilidad de las cosas tienen una causa concreta: la voluntad de poder.
La voluntad de poder se despliega en todo acontecer, en todo fenómeno y, por tanto, sirve también para explicar los cambios de sentido y de función experimentada por algo.
Para Nietzsche la voluntad de poder es el instinto básico de todo lo vivo. Este instinto de dominio, de someter, se manifiesta no sólo en los fenómenos físicos y biológicos, sino con más razón, en el mundo de lo humano y sobre todo en los fenómenos socio-culturales ( costumbres, ritos, etc.)
Toda interpretación nueva de algo es una manifestación de una voluntad de poder que quiere imponer un nuevo sentido y una nueva finalidad a costa del sentido y de la finalidad anteriores, con el fin de acrecentar su poder, de aumentar su dominio. Comprendemos el sentido de algo cuando sabemos cuál es la fuerza o el instinto ( superior o inferior, noble o plebeyo, activa o reactiva) que se ha apropiado de esa cosa, le impone una función, la explota o se expresa en ella
La historia entera de una cosa, por ejemplo de la pena, es una cadena ininterrumpida de interpretaciones y reajustes siempre nuevos donde se hallan escondidas distintas voluntades que aspiran a dominar, a imponerse y a aumentar su poder.

La tarea del verdadero genealogista.

La consecuencia es que todos los fenómenos socioculturales (las morales, las costumbres, etc.) y todas las utilidades son indicios, signos que hay que interpretar. Se trata de indicios y de signos que apuntan hacia una determinada voluntad de poder que actúa oculta por detrás y les ha impuesto un sentido nuevo, una nueva utilidad. La función del genealogista es descubrir qué clase de voluntad de poder se oculta por detrás. No existe, pues, la verdad, sólo existen interpretaciones que consiguen imponerse sobre otras. La única verdad es la voluntad de poder que busca aumentar su poder. Esa es la única meta, el único principio para entender la historia de algo.

El triunfo del resentimiento.

Imponer una nueva interpretación es lo que significa para Nietzsche, el triunfo de la moral de esclavos, de los débiles sobre los poderosos. El resentimiento de los débiles ha triunfado, su voluntad de poder es la que permanece, una voluntad de poder enfermiza que ha sacado del odio y del resentimiento la fuerza necesaria para urdir una astuta trama hasta llegar a imponer su valoración. Los valores de la moral cristiana ocultan un odio profundo contra la vida, contra todo lo que es activo y de este odio surge el resentimiento contra todos aquellos que tienen una vida activa y afirmativa, contra los que aman la vida, contra los que son y se declaran felices, contra los nobles.

La culpa, la pena y la mala conciencia.

La moral del resentimiento ha invertido los valores morales. En el “tratado segundo” Nietzsche va a denunciar esta interpretación, lo que se refiere fundamentalmente a la culpa, la pena y la mala conciencia. Un primer paso es criticar las explicaciones utilitaristas. En la base de esta crítica están los dos principios fundamentales para hacer una buena genealogía:

Necesidad de distinguir el origen y la finalidad o utilidad.

La verdad no existe, no hay una verdadera interpretación, sino diversas interpretaciones que son los signos de la voluntad de poder que se ha adueñado de algo.
Con estos dos principios metodológicos Nietzsche se lanza ha hacer la genealogía de fenómenos como la pena, la culpa o la mala conciencia.
Para ello va bucear hasta los orígenes de lo que llamamos el “hombre”, unos tiempos remotos en que este “semianimal”, no tenía conciencia, ni memoria ni sentimiento de culpa. ¿Cómo se ha fabricado todo esto? Nos hemos hecho una memoria a base de dolor y sufrimiento, grabando con dolor lo que no tenemos que olvidar, los martirios, los sacrificios, la crueldad, son experiencias necesarias para que el hombre se forme una memoria: más aún, la crueldad forma parte de las alegrías y manifestaciones festivas de la humanidad. Por ello surge la pena, porque hacer sufrir produce bienestar, y no como decían aquellos utilitaristas, para cumplir con una utilidad.

Esquema del contenido de los 25 párrafos del tratado segundo.

1-3: Proceso para criar “un animal al que le sea lícito hacer promesas”, lucha contra la capacidad de olvido, creación de una memoria (sólo a base de dolor es posible), aparición de la responsabilidad, individuo soberano (puede responder de sí hacer promesas), conciencia.
4-5: Origen del concepto moral de culpa a partir del concepto material de tener deudas. El acreedor se resarce de su deudor aplicándole una pena (castigo).
6: La crueldad como ingrediente de todas las alegrías de la humanidad primitiva. Ver sufrir y hacer sufrir produce bienestar.
7: El problema del sentido de sufrimiento: el cristianismo da como respuesta la salvación, el hombre antiguo crea a los dioses como espectadores que justifican el sufrimiento como espectáculo.
8-10: Origen del sentimiento en la relación acreedor-deudor. Relación entre acreedor-deudor, entre el individuo (deudor) y la comunidad (acreedor).
11:Crítica a Dühring por buscar el origen de la moral y del derecho en el terreno de sentimientos reactivos como el resentimiento y la venganza.
12-15: Crítica a las explicaciones utilitaristas: el origen de una cosa y su utilidad son cosas muy diferentes. La pena (castigo) se ha visto sobrecargada de utilidades, principalmente la de despertar el sentimiento de culpa. Hay una sucesión de interpretaciones sobre el sentido y la utilidad de las cosas, donde se manifiesta la voluntad de poder, se impone la interpretación que tiene más fuerza. El verdadero efecto de la pena ha sido intensificar la memoria y la inteligencia, domesticar al hombre.
16: Hipótesis sobre el origen de la “mala conciencia”: se origina por la terrible modificación que sufrió el hombre al ser encerrado en la sociedad.
17: Presupuestos de esta hipótesis:
No fue una modificación ni gradual ni voluntaria.
El “Estado” surgió como un acto de terrible violencia en el que una población es sometida por una horda de fuertes conquistadores.
18: La voluntad de poder como fuerza que actúa en dos materias diferentes:
En los constructores del Estado se desahoga hacia fuera de modo grandioso.
En las poblaciones sometidas, se empequeñece e interioriza, la crueldad se vuelve contra uno mismo y surge la mala conciencia como una autotortura.
19-20: La relación acreedor-deudor entre la generación actual (deudor) y los antepasados (acreedor). Al aumentar su poder, los antepasados se convierten en dioses y la deuda-culpa, con ellos se acrecienta. El Dios cristiano hace crecer al máximo el sentimiento de culpa.

21-22: Moralización (interiorización) del sentimiento de culpa, y recurso del cristianismo para aliviarlo: hacer que Dios (acreedor) se sacrifique por los hombres (deudores). Aparición del Dios Santo, el Dios que se sacrifica por los hombres.
23: Concepción griega de los dioses opuesta al ideal del Dios Santo del cristianismo. Los dioses de los griegos sirven para alejar la mala conciencia, justifican al hombre asumiendo la culpa y no la pena.
24: Necesidad de destruir el ideal vigente hasta ahora hostil a la vida y de alzar un nuevo ideal. Para ello es necesario un hombre fuerte, un hombre del futuro.
25: A partir de aquí sólo puede seguir hablando de Zaratustra.

Resumen del tratado segundo.

En el segundo tratado Nietzsche emprende la genealogía de la conciencia moral, el tratado segundo ofrece la psicología de la conciencia. Se trata de buscar el origen de todo aquello que es necesario para que surja la conciencia que haga del animal-hombre un sujeto moral.
En los tres primeros párrafos, Nietzsche se ocupa de las capacidades que hacen falta para que el hombre sea un animal capaz de hacer promesas. En primer lugar hay que luchar contra la capacidad de olvido. Esta capacidad de olvido no es para Nietzsche una mera inercia, sino una fuerza activa que es comparada con la digestión: de igual modo que sólo una pequeña porción de alimentos es digerida, sólo una pequeña parte de lo que es vivido es asimilado anímicamente. La capacidad de olvido mantiene así la salud anímica, la tranquilidad, la jovialidad del animal-hombre. Pero para poder hacer promesas, el hombre tuvo que crear una facultad opuesta (la memoria) que hace que la capacidad de olvido quede en suspenso en algunos casos. Dotado de memoria, el hombre deja de ser imprevisible y sorprendente para convertirse en un ser regular, necesario, calculable. Actúan para ello “la eticidad de las costumbres” (la moral primitiva basada en el cumplimiento de costumbres y la obediencia a la tradición con sanciones severas a los transgresores), y “la camisa de fuerza social” (la fuerte presión que la sociedad ejerce sobre los individuos para que cumplan las normas y preceptos sociales). Esto hace del hombre un ser uniforme, ajustado a la regla, calculable.
El resultado es el individuo soberano, el individuo autónomo que puede liberarse de la eticidad de las costumbres y actuar libremente. Surge así la responsabilidad, el individuo capaz de responder de sí mismo y por tanto de hacer promesas. Además este individuo tiene conocimiento de esa responsabilidad, y ese conocimiento grabado en lo más profundo de su ser se convierte en un instinto dominante al que le llama conciencia.
Pero, en el párrafo 3, Nietzsche nos revela lo que hay detrás de ese fruto maduro que es el hombre responsable capaz de hacer promesas. Llegar a él ha requerido un largo proceso en el que para hacerle una memoria se ha tenido que utilizar el dolor. Los martirios, la sangre, los sacrificios, han sido los instrumentos para conseguir la memoria en el hombre.

Realizada así la genealogía de la conciencia moral, pasa Nietzsche a ocuparse del origen y el sentido de una serie de elementos que actúan sobre esa conciencia moral, se trata de la pena, la culpa y la mala conciencia.
PENA: respecto a la pena (castigo), Nietzsche rechaza la opinión de que surge para cumplir una finalidad, con una utilidad determinada. El origen y la finalidad de la pena son dos cosas totalmente diferentes que a menudo se confunden. Nietzsche nos da un listado con todas las utilidades de la pena: como neutralización de la peligrosidad, como pago del daño al damnificado, como aislamiento de una perturbación, etc. Nietzsche rechaza especialmente la utilidad más aceptada de la pena, que ha sido la de infundir el sentimiento de culpa. Frente a esto, Nietzsche dice que durante milenios los malhechores se han sometido al castigo, no como algo que tenía que ver con su culpabilidad, sino como una fatalidad que les ocurría, de tipo similar a una enfermedad.

Para Nietzsche, el único efecto que se consigue con la pena, es el alargamiento de la memoria, intensificar la inteligencia y hacer más cauto y desconfiado al que la sufre, por eso afirma que “la pena domestica al hombre, pero no lo hace mejor”.
La pena no es par Nietzsche más que una manifestación de la crueldad, porque hacer sufrir produce bienestar, sobre todo a alguien que se le considera causante de un daño.

La crueldad juega un papel fundamental en este tratado segundo, para Nietzsche “la crueldad constituye en alto grado la gran alegría festiva de la humanidad más antigua, e incluso se halla añadida como ingrediente de casi todas sus alegrías.

CULPA: si, como hemos dicho, para Nietzsche la pena no tiene como función inducir el sentimiento de culpa, como han creído los ingenuos genealogistas de la moral, cabe preguntarse de dónde surge el sentimiento de culpa. El concepto moral de culpa tiene su origen en el concepto material de “tener deudas”. La compensación del acreedor sobre el deudor puede no consistir en una retribución material en dinero, bienes, etc., sino en el derecho a la crueldad sobre el deudor.

Nietzsche habla de la relación acreedor-deudor no sólo entre dos personas, sino en otras formas:

Como una relación entre el individuo y la comunidad. El individuo está en deuda por la seguridad y protección que le ofrece la comunidad. El delincuente es ante la comunidad un deudor que no sólo no paga sus deudas, sino que atenta contra su acreedor. La comunidad reacciona en un principio expulsándolo, privándolo de su protección, pero cuando el poder de la comunidad se acrecienta ya no son tan peligrosas las infracciones, por lo que puede ser benévola con el delincuente, al que incluso se protege de la cólera de los que han sido perjudicados por sus acciones.
Como una relación entre la comunidad y los antepasados, ya que gracias a éstos la comunidad se originó y subsiste. La deuda con los antepasados sólo puede ser pagada a base de sacrificios, y éstos muchas veces exigen sangre humana como es el sacrificio del primogénito. El poder de los antepasados y loa deuda de la comunidad con ellos, se va incrementando hasta que llegan a convertirse en dioses. Entonces también el sentimiento de culpa (deuda) se acrecienta. Finalmente con la llegada del Dios cristiano, el sentimiento de culpa alcaza su grado máximo ya que frente a Dios, todos los hombres están en deuda y son culpables. El sentimiento de culpa llega a moralizarse, se interioriza de tal manera que queda adherido al deudor, en la mala conciencia, y después se vuelve también contra todo aquello lo que responsabilizamos de nuestras culpas, el pecado original, la naturaleza, etc. Pero el cristianismo ha encontrado un recurso paradójico para aliviar este insoportable sentimiento de culpa haciendo que el propio acreedor (Dios) se sacrifique por sus deudores (los hombres). Surge así el ideal del Dios que se sacrifica él mismo por las culpas de los hombres.
Nietzsche piensa que los dioses no son más que ficciones, y que pueden tener funciones muy diferentes a la de ese Dios Santo del cristianismo que primero hace sentirse culpables a todos los hombres, y luego alivia con u propio sufrimiento el sentimiento de la deuda impagable. Con el ejemplo de una concepción muy diferente de la divinidad pone Nietzsche a los griegos, que responsabilizaban a los dioses de sus males para alejar la mala conciencia. Entre los griegos los dioses no asumían la pena sino la culpa, que es algo más noble.

MALA CONCIENCIA: 
La explicación sobre la mala conciencia, se relaciona también con la crueldad, y con la afirmación nietzscheana de que todos los instintos que no se desahogan hacia fuera, se vuelven hacia dentro. La mala conciencia es para Nietzsche la crueldad que al no poder exteriorizarse debido a que el hombre se encuentra encerrado en la sociedad, y obligado por ésta a ser pacífico, se vuelve hacia uno mismo. El individuo se autotortura y castiga, se vuelve cruel consigo mismo, porque no puede exteriorizar esa crueldad hacia fuera.

Esta hipótesis de Nietzsche sobre la mala conciencia, requiere dos presupuestos según nos dice el mismo:
La modificación por la cual el hombre pasó a ser un ser social y pacífico no fue ni gradual ni voluntaria.
Nietzsche se opone a la teoría contractualista. Según esta teoría, el estado surgió por medio de un pacto o contrato por el que los hombres establecieron una serie de normas que todos respetar para vivir pacíficamente.
Frente a esto, Nietzsche dice que el Estado surge cuando una raza de violentos conquistadores organizados para la guerra someten a una población superior en número, pero más desorganizada y débil. Esta población sometida ve reprimidos sus instintos de libertad, y al encontrarse en tal situación de sometimiento no puede exteriorizar la crueldad y acaba desahogándola hacia dentro, con lo cual surge la mala conciencia, la autotortura, la crueldad vuelta contra uno mismo. Según Nietzsche, la mala conciencia no podría haber surgido sin aquellos conquistadores.
Por último, Nietzsche dice que para alcanzar un ideal nuevo hay que acabar con otro ideal que ya existe.
Los ideales que han existido hasta ahora han sido hostiles a la vida, han aliado todos los instintos y fuerzas vitales con la mala conciencia. El intento de establecer un nuevo ideal aliando las inclinaciones antinaturales con la mala conciencia, contraria con la oposición de todos los “hombres buenos”. Haría falta, por lo tanto, una gran fortaleza, esto sería una tarea para un hombre del futuro, es decir, para Zaratustra.

Podemos acabar sintetizando la explicación que da Nietzsche en este tratado sobre el origen de la pena, la culpa y la mala conciencia:

La pena no surge para cumplir una finalidad, con una utilidad, sino como una manifestación de la crueldad, por el placer que produce ver sufrir y hacer sufrir, especialmente a alguien a quien se considera causante de un daño.

La culpa surge de la relación acreedor deudor. El sentimiento de “deber algo” crea un sentimiento de culpa, que el cristianismo ha aliviado haciendo que el propio acreedor (Dios) se sacrifique por sus deudores (los hombres).

La mala conciencia es la interiorización de la crueldad dirigida hacia dentro en lugar de hacia fuera. Su origen está ligado al surgimiento del Estado.

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