lunes, 3 de diciembre de 2012

PALEOLITICO INDIO-HISPANO


PALEOLITICO INDIO-HISPANO

En este período, que se extiende desde el 20 000 hasta el 8000 a. C. es abundante la cantidad de restos arqueológicos hallados en Estados Unidos, México, Centroamérica y Sudamérica. Aparece una nueva industria lítica, la de las puntas de proyectil, talladas finamente en piedra que presentan variedades denominadas clovis, lanceoladas, folsom, inca, fell, cola de pescado, etc. que dan cuenta de la gran difusión de esta técnica, que llega hasta el noroeste argentino, el Río de la Plata, Patagonia y Tierra del Fuego. El especialista alemán Müller Beck afirmaba que esta técnica pudo ser aportada por nuevos inmigrantes procedentes de Asia que pasaron por Bering hace entre 28 000 y 23 000 años, antes de que el último avance de la glaciación Wisconsin cerrara el corredor de Alaska.
La otra gran innovación del período lo constituyó el atlatl o propulsor, artefacto que aumentaba la eficacia en el lanzamiento de las jabalinas por parte de los cazadores. Estas mejoras tecnológicas constituyeron la base de las grandes culturas cazadoras del Pleistoceno, que habitaron las praderas y valles boscosos norteamericanos de clima benigno y abundancia de animales de presa. Los yacimientos excavados señalan sitios de campamento y matanza, con restos industriales y huesos de bestias fósiles.
Aunque no han quedado testimonios, se supone que fabricaron redes, cuerdas, adornos de hueso y plumas, etc. En Mesoamérica (México y América Central) y Sudamérica se han reconocido versiones de estas formas culturales perfectamente adaptadas al medioambiente, que complementaban la caza mayor con la recolección, desarrollando un estilo de vida que perduró por siglos sin modificaciones sustanciales.

VOCALES INDÍGENAS
La complejidad morfológica de las palabras varía grandemente, pues mientras que en guaraní (familia tupí-guaraní) se componen de tres elementos de media, en piro (familia arahuaca) existen seis en promedio.
En lenguas de Sudamérica como las caribe o tupís y de Norteamérica como las utoaztecas o las salish, las raíces de las palabras son nominales o verbales y pueden convertirse en otra clase de palabras por afijos derivacionales. En quechua, en náhuatl o en mapuche muchas raíces de palabras son nominales y verbales. Otras lenguas como la yuracaré o el papago usan abundantemente la reduplicación, un proceso que no ocurre sistemáticamente en las lenguas tupí. La composición, formación de dos o más palabras para formar otras nuevas está muy extendido, aunque en ocasiones, como en las lenguas chon, puede estar casi ausente.
Las raíces verbales en las que el objeto nominal está incorporado son también frecuentes. Muchas lenguas son del tipo aglutinante (quechua, panoano, mapuche), es decir, combinan varios elementos de significado distintivo en una sola palabra sin cambiar el elemento. Otras (caribes, tupís) muestran una moderada cantidad de cambio y fusión de los elementos cuando se combinan en palabras.
El género marcado gramaticalmente en los nombres ocurre en guaicuruano y la diferenciación masculino-femenino en los verbos ocurre en arahuaco, witoto, tucano y huarpe, si bien las lenguas sin distinción de género son más comunes, como sucede en el resto del mundo.
El singular y plural de la tercera persona no se distingue obligatoriamente ni en tupí ni en caribe, pero lenguas como yagán y mapuche tienen singular, dual y plural. Una distinción muy común es la que se da entre la primera persona inclusiva (tú y yo, oyente incluido) y la primera exclusiva (él y yo, oyente excluido). Las formas pronominales se diferencian según las categorías que indican, ya sea que la persona esté presente o ausente, sentada o levantada y lo mismo ocurre en guaicuruano y movima. Los casos en el nombre se expresan generalmente por sufijos o posposiciones, siendo el uso de preposiciones más (especialmente en Sudamérica). La posesión se indica predominantemente por prefijos o sufijos y los sistemas en los que las formas posesivas son las mismas en el sujeto de los verbos intransitivos y en el objeto de los transitivos son muy corrientes. Los afijos clasificatorios que categorizan los nombres según la figura del objeto se dan en chibchano, tucanoano y waicano.
Muy frecuentemente las formas verbales marcan el sujeto, el objeto y la negación, todo en una única palabra. Las categorías de tiempo y aspecto parecen estar representadas generalmente en las lenguas sudamericanas, si bien las categorías expresadas varían mucho de una lengua a otra. Por ejemplo, la aguaruna (jivaroano) tiene una forma futura y tres pasadas diferenciadas por distinción relativa, mientras que en guaraní la diferencia es básicamente entre futuro y no-futuro. Otras lenguas como la jébero expresan categorías modales. Son muy comunes los afijos que indican movimiento, principalmente hacia y fuera del hablante, y localización (como en las lenguas quechuas, aimaras, záparo e itonama) y en algunas familias como la arawak o la panoana, hay muchos sufijos en el verbo con significado adverbial concreto. Los afijos clasificatorios que indican la manera en la que se realiza la acción ocurren en jébero y ticuna. Las acciones hechas individual o colectivamente se diferencian paradigmáticamente en caribe, mientras que en yámana y jívaro las raíces verbales se usan de acuerdo a si el sujeto o el objeto es singular o plural. Hay varias lenguas (guaicuruano, mataco y cocama) en las que algunas palabras tienen formas diferentes según el sexo del hablante.
Las frases en las que el predicado es un nombre declinado como un verbo con el significado de 'ser' o 'tener' el objeto designado mediante el nombre ocurren en bororo y witoto, como 'yo-cuchillo', es decir, 'yo tengo un cuchillo'. Las frases en las que el sujeto es el objeto de la acción son frecuentes pero las frases verdaderamente pasivas en las que se expresan el recipiente de la acción y el agente de la misma son raras, aunque ocurren en witoto. Las frases subordinadas se introducen raramente por conjunciones, expresándose normalmente por elementos pospuestos o formas especiales de los verbos, tales como gerundios, participios o conjugaciones subordinadas.
Finalmente en cuanto a la ergatividad, ésta está ampliamente extendida en las siguientes familias de lenguas: mixe-zoque, en mayenses; en Sudamérica, las lenguas yê, las arawak, las tupí-guaraní, las pano-tacanas, las chibchas y las caribes. Y en Estados Unidos y Canadá el chinook y el tsimishian.

EJEMPLOS DE VOCALES
NÁHUATL HUASTECA
ni-k-on-ita-s: ‘yo lo veré allá’.
Los morfemas constituyentes de la palabra significan:

ni- : 1ª persona singular
-k- : a él, lo
-on- : allá
-ita- : raíz verbal ver
-s : futuro
El náhuatl huasteca es prefijador y sufijador.
QUECHUA
jamu-wa-rqa-nki-chu: ‘¿viniste por mí?’
Los morfemas constituyentes de la palabra significan:

jamu : raíz verbal venir
-wa- : tú me, tú a mí
-rqa- : pasado simple
-nki- : 2ª persona singular
-chu : interrogativo
El quechua es sufijador
AIMARA
uta-ja-nka-sk-t-wa: ‘estoy (actualmente) en mi casa’.
Los morfemas constituyentes de la palabra significan:

uta- : raíz nominal casa
-ja- : posesivo de 1ª persona singular
-nka- : estar (en)
-sk- : continuativo. Expresa que la acción o estado continúa
-t- : 1ª persona singular
-wa : afirmación
El aimara es sufijador
MAPUCHE
mütrüm-tu-a-fi-ñ: ‘lo/la voy a llamar otra vez’.
Los morfemas constituyentes de la palabra significan:

mütrüm- : raíz verbal llamar
-tu- : iterativo. Expresa repetición, reiteración de la acción
-a- : futuro
-fi- : a él, lo; a ella, la
-ñ- : 1ª persona singular de modo indicativo
El mapuche es sufijador